La Unión monetaria europea va rumbo a desintegrarse

Economía

Rafael Alberto Martínez*

MA International Business

MA International Economics

MA Development Economics

El Banco Central Europeo está entrando en aguas turbulentas y peligrosas. Si los estados miembros no corrigen su política actual, la cual está originando la crisis económica, el BCE no podrá seguir auxiliándolos y a la vez sostener al Euro, tarde o temprano no podrá evitar una crisis que desintegrará a la Eurozona. La actual crisis en Europa trae a flote un defecto de nacimiento del Euro: La Unión Europea creó una unión monetaria sin tener una unión fiscal, o por lo menos una armonización fiscal entre los miembros (A diferencia de por ej. EEUU y China, el presupuesto UE es ínfimo comparado con los de los estados miembros), lo que dificulta el control sobre los presupuestos y quita incentivos a la disciplina fiscal necesaria para tener una moneda fuerte. Este defecto lo intentaron corregir con acuerdos y normas que actualmente no están siendo acatados, acentuando un problema que está siendo amplificado por la actual crisis mundial originada por la guerra en Ucrania.

Para entender mejor el problema hay que empezar desde el inicio de la Unión Europea: La UE fue un proyecto de paz de dos grandes estadistas para evitar que sus naciones se volvieran a matar en una guerra mundial, De Gaulle y Adenauer, Francia y Alemania. Este proyecto de paz instrumentalizó para su fin a la economía, empezando con una alianza de carbón y acero, luego aumentaron el grado de integración económica y política, pasando por Unión Aduanera, Comunidad Económica, Mercado Común y por último, Unión Monetaria.

Antes de la unión monetaria, había grandes diferencias en el enfoque del próximo paso de integración. Por un lado estaban quienes abogaban por una unión monetaria (monetaristas) y por el otro lado estaban los que abogaban por una unión fiscal, o armonización fiscal de los estados (fiscalistas).

La unión monetaria era más fácil de lograr políticamente, pero traía consigo un gran riesgo de futuras crisis monetarias e inflación. Los países del sur de Europa y Francia preferían este enfoque. La unión fiscal o armonización, que era más difícil de lograr políticamente, en un mercado común como el europeo lleva automáticamente a una unión monetaria (las monedas se mueven por sí solas de forma sincronizada en el mercado cambiario), lo que disminuye el riesgo de crisis monetarias y de inflación. Alemania y otros países del norte de Europa abogaban por este enfoque. La Reunificación alemana dio la oportunidad a los monetaristas de lograr el apoyo de Alemania para la Unión Monetaria. Si Alemania recuperaba su soberanía y se reunificaba, los alemanes estarían dispuestos a entregar a cambio su preciado Marco Alemán y así lo hicieron.

Pacto de estabilidad

Para evitar hacer del Euro una moneda débil como las de los países del sur de Europa, se establecieron varias normas que garantizaban la estabilidad de precios y la integridad de la Eurozona sin tener una unión fiscal o por lo menos una armonización fiscal. De estas, las normas más importantes son:

El BCE es el principal protector de la estabilidad de precios (combatir la inflación) y de la integridad de la Eurozona

El BCE tiene prohibido financiar el déficit fiscal de los estados miembros

Los estados miembros no deben tener un déficit fiscal superior al 3% de su PIB

La deuda total de cada estado miembro no debe superar el 60% de su PIB

Para que la Unión Monetaria no fuera solo entre un puñado de países que cumplían con los criterios de convergencia,  varios países se unieron al Euro con la promesa de cumplir luego con las normas. Sin embargo, los incentivos al endeudamiento que ofrecía la unión monetaria (menor costo de endeudamiento porque no hay un riesgo de devaluación como con las monedas débiles anteriores y un interés es menor que con las monedas inflacionarias) llevó a varios países a subir su déficit fiscal y su deuda, en vez de reducirla. Hoy países como Grecia, Italia, España, etc, están altamente endeudados, e incluso Francia, que aunque no tiene los niveles de deuda que los otros países del sur de Europa, tampoco cumple con los criterios de convergencia y tiene una estructura de deuda peligrosa porque una parte importante de su deuda es en moneda extranjera (sube si se devalúa el Euro) o tiene un interés variable (sube si el BCE sube el tipo de interés).

La pandemia y la guerra

Para afrontar la pandemia, la UE acordó cesar los criterios de convergencia del Euro (3% y 60%) y el BCE no siguió una política estricta como vigilante de la inflación, la cual lleva más de un año sobre 2% sin que el BCE suba los tipos de interés para frenarla. Además el Supremo Europeo había permitido que el BCE comprara bonos soberanos de los estados argumentando que mientras el BCE no los compre directamente a los estados, sino en el mercado, no se considera financiamiento del BCE a los estados (si usas un preservativo, no se considera sexo). Luego con la guerra en Ucrania y la respuesta europea que llevó al aumento del gasto militar financiado con endeudamiento y a un fuerte aumento de la inflación, el BCE decidió seguir sin combatir la inflación para no aumentar el riesgo de varios países europeos de entrar en una crisis de deuda. De esta forma, hasta ahora se han violado las 4 normas de estabilidad del Euro: Prohibición de financiamiento del BCE al déficit fiscal, Control de la inflación por parte del BCE, Déficits fiscales de máximo 3% y deudas no superiores al 60%.

La crisis se hace inevitable

Esta situación no hubiera traído mayores problemas con una inflación no tan alta y con tipos de interés bajos. Pero la situación ha cambiado drásticamente y se ha hecho insostenible. Con la inflación más alta en las últimas 4 décadas, si el BCE no actúa para frenarla, los ciudadanos europeos perderán toda confianza en su Banco Central y la presión política llevará tarde o temprano a la disolución de la Eurozona. Por otra parte, si el Banco Central Europeo actúa consecuentemente con su mandato de combatir la inflación, sube los tipos de interés y no compra más bonos de deuda de los estados, entonces un importante número de países miembros entrarán en una crisis de deuda, lo que sería una bomba atómica económica, cuyas consecuencias políticas pueden desintegrar a la Eurozona.

La alternativa que le queda al BCE es subir los tipos de interés, vender los bonos soberanos de los países financieramente más sólidos y comprar bonos de países con mayores deudas para así ayudarlos, sin necesidad de subir el volumen de bonos en sus manos y poder cumplir a su vez con la meta de no incrementar el financiamiento a los estados miembros. El problema de esta medida es que solo sirve para ganar tiempo y no resuelve el problema de fondo, sino más bien crea incentivos incorrectos, porque los estados con disciplina fiscal serán castigados en el mercado con una menor demanda y por lo tanto un interés más alto por su deuda. Mientras que los países sin finanzas sólidas serán premiados por el mercado con una mayor demanda y por consiguiente un menor costo de financiamiento. La experiencia vivida después de la introducción del Euro evidencia que esta medida no descarta, sino estimula un mayor endeudamiento y por lo tanto una mayor crisis de deuda posterior y mayores tensiones políticas entre los estados, incluso sin necesidad de que estalle la crisis por el simple hecho de que la presión política subirá cuando los ciudadanos en los países con finanzas sólidas vean que están financiando con sus impuestos las deudas de otras naciones que gastan por sobre sus posibilidades. Esto también creará una gran presión para disolver la Eurozona.

Al final, si no resuelven el problema real, la actual política europea debido a la guerra en Ucrania y las sanciones a Rusia, el Euro está montado sobre una olla de presión que solo tiene dos válvulas de escape: el Euro se convertirá en una moneda débil, o la Unión Monetaria se desintegrará por las tensiones entre los países con disciplina fiscal y los países sin disciplina fiscal.

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