Editorial

Editorial Política

Abrimos esta página el día que se cumple un aniversario de la instalación de la democracia en Venezuela. Hace muchas décadas, Hayek comentó que su problema esencial, a diferencia de los autoritarismos, consiste en que es un sistema intrínsecamente revocable, y en ella se pueden elegir a quienes aspiran destruirla por los métodos que ella misma establece y se comienza un complejo proceso de entronización opresora por tiempo indefinido, cuyo desenlace no es previsible. De la euforia luego de la caída del bloque soviético, a la fecha ha surgido una nueva teoría según la cual la democracia está en decadencia y muchos discuten que, difícilmente, se recupere.

Ante esta paradoja, la opinión llana suele atribuir su debilitamiento a la ineficiencia de los gobiernos, la pobreza de parte de la ciudadanía, la desigualdad, que se expresan en las urnas contra ella. No está excluido que algo de eso sea cierto, pera esa no es la razón de fondo, si vemos que autocracias mucho más ineficientes, corruptas, incompetentes y empobrecedoras, sobreviven décadas, mientras sistemas abiertos han colapsado o están bajo amenaza. Argentina fue una nación brillante, potencia mundial alternativa frente a EE. UU y un buen día los ciudadanos optaron por Perón y siete décadas y media la hundieron en el subdesarrollo y no se vislumbra su salida.

El socialismo XXI hizo retroceder varios países de la región y luego de décadas, siguen las pugnas en su seno para buscar trabajosas alternativas, incluso desde los propios impulsores. EE. UU en medio de su esplendor, eligieron a Trump, quien sigue siendo una amenaza para el futuro inmediato. Chile hoy decidió caminar en la oscuridad después de alcanzar el más alto nivel de vida del continente. Los ingenuos y desinformados siempre pretenden “que no pasa nada”. Tiempo después se estrellan contra el arrepentimiento. Para no extendernos diremos que eso se explica porque las fuerzas antidemocráticas se apoderan de los aparatos ideológicos del sistema, los órganos de la cultura, universidades, profesorados, magisterio, intelectuales, medios de comunicación y se deciden a dar la pelea por la conciencia colectiva, mientras los demócratas se burocratizan, pierden el interés por las ideas que los sustentan. El filósofo francés Félix Guattarí habló hace muchos años de hacer una revolución cultural previa a la toma del poder, “la revolución molecular”, la revolución llevada a las micropartículas sociales: “Conspirar y respirar”.

@CarlosRaulHer

Carlos Raúl

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