¿Cómo salieron Alemania Oriental y China de la miseria?

Economía

Rafael Alberto Martínez*

Desde 1917 un grupo de países de todos los continentes, desarrollados, subdesarrollados, democracias, autocracias, teocracias, reinados, colonias, emprendieron un experimento económico inspirado por el Manifiesto Comunista que marcó la historia mundial durante todo el siglo pasado. Primero Rusia y Mongolia, después Europa Central y del Este, los países bálticos, luego China, Norcorea, Vietnam, Argelia, Camboya, Cuba, Laos, Nicaragua, Tanzania, etc. Adicionalmente otro gran número adoptaron ese experimento parcialmente, con el mismo resultado de fracaso rotundo. Después de sus colapsos, cada uno tuvo que iniciar procesos de transformación hacia la economía de mercado que dejaron muchísimas lecciones.

Diversas vías de escape
En Europa Central y Oriental los gobiernos adoptaron principalmente el enfoque de la terapia de choque, la liberación rápida de los precios y del comercio para minimizar el tiempo de dolor y evitar una recaída a la destrucción socialista y estancamiento de la economía, acompañando la reforma con un firme programa de estabilización para lograr o mantener los precios. La argumentación de este enfoque la caracteriza muy bien la frase del expresidente checo, Vaclav Havel: “no se puede cruzar un abismo en dos saltos”. El segundo modelo, cuyo principal referente es China, es una transformación progresiva, paso a paso, empezando en algunos sitios y sectores, y luego expandiendo cuando ocurren los éxitos esperados, lo que sirve como incentivo para más, mayores y más complicadas reformas, en un proceso que se refuerza a sí mismo. Este enfoque requiere que el país pueda mantener el paso de reformas por un largo tiempo y pueda controlar los efectos secundarios de la lenta liberalización de la economía.

“Sentir las piedras al cruzar el río”

Este enfoque lo caracteriza muy bien la frase del expresidente chino Deng Xiaoping: “sentir las piedras al cruzar el río”. Cada país que recorrió la transformación del socialismo a la economía de libre mercado aplicó una mezcla de reformas combinando estos dos enfoques. El éxito de la receta depende de la situación de partida de la transformación, los antecedentes históricos y capacidades del país. En términos generales, la clave para una transformación exitosa es fomentar el ahorro y la inversión. La estructura y la calidad de la inversión, así como el capital humano y los conocimientos técnicos son también decisivos. Adicionalmente hay que tener en cuenta que con toda transformación se forman grupos de intereses y la presión viene de los grupos que tienen que llevar los costos o pierden los privilegios, pero también las reformas van creando ganadores y nuevos grupos de intereses que apoyan la transformación. Por eso es de suma importancia comunicar permanentemente los logros a la población para poderla sostener. Hay que tener presente que cuando solo unos pocos ganan con las reformas, cuando el crecimiento se retrasa demasiado y la corrupción se percibe como inherente al sistema, entonces los perdedores van a reaccionar con razón. En este sentido, dos ejemplos de éxito son Alemania Oriental y China.
El caso de Alemania Oriental
Antes de la Segunda Guerra Mundial, Alemania Oriental, como parte de toda Alemania, era un país muy desarrollado e industrializado, democrático, con muchos científicos y pensadores de primera. Berlín, Leipzig y Dresde eran metrópolis tan avanzadas como Paris y Londres. Después de la guerra experimentaron el renacer que se esperaba con la reconstrucción, pero con el tiempo fueron quedándose atrás en comparación con el oeste, de tal forma que, al momento de la reunificación, la parte oriental tenía un cuarto de la población total alemana, pero solo aportaba 10% del PIB. La reunificación aportó el marco legal e institucional, como también un gran contingente de personal calificado y con experiencia para ejecutar las reformas. Adicionalmente en los primeros años Alemania Occidental puso a la disposición un increíblemente alto volumen de recursos financieros para la transformación, $700 millardos.
La diferencia de sueldos entre este y oeste, en detrimento del primero, era necesaria para compensar su baja productividad, imposible de cargar política y socialmente al otro lado. El salto en los sueldos disparó los costos laborales de producción en el este a los niveles más altos del mundo. El resultado, quiebras y desempleo masivo. Esto se pudo soportar políticamente con asistencia social (una década más tarde, la asistencia per cápita que recibía Alemania Oriental llegaba al PIB per cápita de México).
Esta ayuda garantizaba la paradoja de que el nivel de vida de los desempleados fuera mejor que el nivel de vida de los trabajadores antes de la reunificación. Sin embargo, sin los programas de jubilación temprana y otros, la tasa de desempleo hubiera estado por encima del 30%. Después del punto más crítico, la economía en el este de Alemania rápidamente repuntó en la vía del crecimiento y las empresas que habían sobrevivido eran altamente competitivas y de primera clase. Hoy el Este está al mismo nivel de desarrollo que el Oeste. Sin embargo, la transformación de Alemania Oriental sacó del juego productivo a toda una generación de trabajadores que no volvió nunca al trabajo formal.

La transformación China
China estaba bajo el control de caudillos y haciendo esfuerzos nacionalistas para expulsar a poderes coloniales cuando se embarcó en el proyecto comunista, el cual tuvo por eso en sus inicios mucho apoyo popular. Sin embargo, las hambrunas desatadas por El Gran Salto Adelante (1958 y 1960) y los 10 terribles años de la Revolución Cultural desangraron a la nación e hicieron que el partido comunista cambiara. Los pequeños agricultores sentían que la política agraria colectivista era nociva para la productividad y la calidad de vida. Su percepción tenia peso porque el partido tenía una fuerte base rural. De esta forma, el gobierno tuvo que desarrollar y ejecutar una serie de reformas orientadas hacia una economía de mercado libre que les dieran incentivos de crecimiento a las fuerzas productivas mientras mantenía el control de la economía total y dirigía a la burocracia a apoyar las reformas. Al comienzo de su transformación en 1968, China era muy pobre (su PIB per cápita era solo el 12% de Rusia) y su economía era rural y agraria (la agricultura ocupaba al 71% de la fuerza laboral).
No conocían la banca moderna
Adicionalmente el sector financiero estaba altamente subdesarrollado, no conocían calificaciones bancarias normales, como análisis de riesgo, selección y supervisión de proyectos, ni tampoco la oferta de diversas opciones de depósitos para atraer clientes. Las reformas introducidas en el sector agrario y su liberalización llevaron de inmediato a ganancias. Entre 1981 y 1984 la economía agrícola creció un 10% anual. En China, como en todo el mundo, los agricultores son muy buenos ahorradores y mientras se desarrollaban los mercados y mejoraba el ingreso, subieron el ahorro privado y los depósitos bancarios con mucha rapidez, lo que financió el crecimiento y ayudó al Estado. Con una política macroeconómica inteligente lograron mantener la inflación en un nivel modesto, lo que fue clave en mantener la confianza en su moneda. China liberalizó la importación de insumos para productos de exportación y dio condiciones muy favorables a la inversión extranjera orientada a la exportación a través del establecimiento de Zonas Económicas Especiales con tratamiento tributario preferencial y acceso privilegiado a divisas. Por el otro lado, las empresas extranjeras al entrar en China no solo buscaban exportar, sino también poner pie en el enorme mercado chino que se abría. China también aprovechó sus conexiones con Hong Kong y su diáspora en el extranjero para desarrollar su industria de exportación.
Mercados provisionalmente controlados
Fomentaron la creación de mercados libres paralelos a los regulados, en los cuales seguía existiendo una oferta del Estado a precios regulados, que fueron subiendo hasta alcanzar el precio de mercado libre mientras el mercado libre iba creciendo y aumentando su peso relativo en la producción total. Para frenar el desvío de las mercancías reguladas hacia el libre mercado y la corrupción requirieron una estricta implementación de regulaciones, de supervisión y penas muy duras en caso de incumplimiento. El lado negativo de este sistema doble era su altísimo costo porque requería de muchos trabajadores para ejecutarlo y para supervisarlo. Otra gran ineficiencia fueron los subsidios a empresas públicas irrentables a través de créditos muy baratos con tasas de interés por debajo de la inflación (hasta 20% de los créditos bancarios eran irrecuperables en 1995). Sin embargo, China pudo soportar los costos de estas ineficiencias, gracias a un altísimo ahorro privado depositado en los bancos, que permitieron transferencias netas a las empresas públicas, y ha sido el país de mayor crecimiento en el mundo desde el inicio del proceso de transformación de su economía.

  • M. A en International Business, M.A en International Economics y M. A. en Development Economics

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